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Así viviremos en 20 años

· Por · 1 marzo de 2017 ·

Los mejores productos de los próximos 20 años aún no han sido inventados. No lo decimos nosotros, ya se adelantó el publicista y editor de la prestigiosa revista Wired, Kevin Kelly. Por eso, una de las obligaciones de todos los que nos dedicamos al marketing y la comunicación (online o tradicional) es estar muy atentos a las nuevas tendencias del mercado. No sólo marcarán nuestra forma de trabajar sino nuestra forma de pensar y hasta de ser.

Términos como realidad virtual, inteligencia artificial o el Internet de la Cosas (IOT, Internet of Things) son cada vez más comunes en nuestras conversaciones con amigos y conocidos, pero aún no somos capaces de atisbar el camino hacia el que nos llevan. Es como si no nos acabásemos de creer que no vamos a tener que sacarnos el carné de conducir, que no hará falta llaves para entrar en casa o que podremos ir de shopping a tiendas sin probadores.

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Porque los coches totalmente autónomos ya existen, las herramientas de reconocimiento facial están a la orden del día y tecnología para que veas cómo te queda una prenda (en tu propio cuerpo, no en el de un avatar distinto a ti) sin tener que desnudarte y probártela, también.

No hablamos de futuro, hablamos de presente, de cosas que ya se pueden hacer y que si no se están implantando aún es, principalmente, por razones económicas. Bien porque todavía es muy caro, bien porque los gigantes financieros y las grandes compañías creen que pueden sacar “tajada” de los procesos intermedios. ¿Recordáis cuando antes de la implantación del VHS se pasó rápida y fugazmente por el sistema BETA? Pues algo similar ocurrirá con las tecnologías que están por llegar.

No obstante, también hay aspectos éticos o de corte moral que están retrasando la aparición de ciertos productos. Sobre todo, los relacionados con la inteligencia artificial y la salud.  Cuando hablamos de los asistentes personales del futuro, todos pensamos en un robot humanoide paseando por nuestra casa. Pero Siri, la famosa chica de Apple, ya es un asistente que nos facilita la vida resolviéndonos consultas de viva voz (si estás aburrido, hasta puedes jugar con ella). Vendrán muchas más Siris, cada vez con más capacidades y más soluciones. Que nos pidan la compra online, nos soliciten las citas médicas o nos recuerden fechas importantes será lo más simple que hagan.

Los implantes biométricos (comúnmente llamados chips) y el control biométrico (basado en la identificación de singularidades físicas como el iris de los ojos o las venas) también continuarán evolucionando. Serán parte de nuestra vida, por miedo que nos dé ahora.

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El llamado Quantified Self, es decir, la capacidad que cada ser humano tiene para generar datos propios, es casi infinito. No en vano, ya están en el mercado wearables (tecnología vestible, que se lleva puesta) que te avisan de si te va a dar un infarto al corazón o si te han bajado los niveles de azúcar. No necesitarás un peso para estar al tanto cada mañana si has engordado o adelgazado, ni ir al médico para saber cómo evoluciona tu nivel de colesterol o tu infección de orina.

Llegaremos así a la era de la bautizada como “Humanidad Aumentada”, es decir, al mundo en el que nuestras limitaciones físicas y mentales serán completadas por la tecnología. El camino se inició hace mucho tiempo, por ejemplo, con las lentes de contacto o los audífonos para ver y oír mejor a través de un pequeño dispositivo. Y ya existen potentes y flexibles exoesqueletos que pueden hacer desaparecer las sillas de ruedas a medio y largo plazo. Pero, además, hay empresas que están desarrollando proyectos sobre cómo imprimir piel, cómo implantar chips para aumentar la memoria o cómo almacenar megabytes de información en una molécula de ADN.

Ante todo este maremágnum de tecnología, las preguntas se agolpan en la cabeza: ¿esto nos hará más inteligentes y libres o una especie dominada y controlada por los Gobiernos o grandes compañías? ¿Acaso se trata de una invasión a nuestra intimidad personal? ¿Quién decidirá el uso que se dé a estos nuevos inventos? ¿Cómo tener la seguridad de que se usarán para el bien y no para el mal? ¿Cómo afectará esta evolución tecnológica a nuestro trabajo? ¿Hacia qué tipo de empleo nos dirigimos?

Es difícil de saber. Quizás, como decía Morfeo en ‘Matrix’, “no existen preguntas sin respuesta, sólo preguntas mal formuladas”.

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Ana Vázquez Ejecutiva de cuentas Apasionada juntaletras al uno y al otro lado de la comunicación. Periodista vocacional; intento de actriz y pintora en periodo “extraescolar”.

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