Madrid

Madrid quiere quitarse la boina

· Por · 20 noviembre de 2015 ·

A la primera pieza del puzle se le llamó escándalo Volkswagen. Y con ella, el fraude con las emisiones de los vehículos y las consecuencias en nuestra salud y en la reputación de la marca (desplome bursátil incluido). Pero poco tiempo después vino la segunda pieza, a la que ya conocíamos de sobra en Madrid: la contaminación.

La capital volvió a superar los límites establecidos en los medidores que el Ayuntamiento tiene repartidos por la ciudad y los periodistas juntamos ambas piezas, el tema se colocó en el lugar adecuado de las agendas. Y los gestores políticos de la capital hicieron el resto, añadiendo la tercera pieza del puzle: el protocolo ante episodios de alta contaminación.

Un puzle que ha despertado el interés y la inquietud en la opinión pública sobre el aire que respiramos. Porque… ¿sabemos lo que respiramos?

El 50 por ciento de la energía que se consume en Madrid procede del transporte. Los miles de coches que circulan por la ciudad hacen mucho más por el asma de los madrileños que la capa de ozono de la que escuchamos hablar hasta la saciedad hace unos años. Los coches hacen mucho (y mal) a nuestras vías respiratorias, haya o no fraude de VW de por medio. Lo que pone en evidencia noticias como éstas es el fallo evidente del control de las emisiones, como demuestra el hecho de que desde la entrada en vigor de la directiva europea relativa a la calidad del aire, Madrid ha rebasado todos los años los niveles permitidos. Esta directiva surgió porque se advirtió de que los agentes contaminantes más peligrosos para la salud están fuera de control y que no basta con reducir las emisiones de CO2, causantes del efecto invernadero (otro concepto que ya forma parte de nuestro vocabulario).

Las partículas diésel fueron clasificadas en 2012 por la Organización Mundial de la Salud como cancerígenas y estimó que una de cada ocho muertes se deben a dolencias causadas por la contaminación atmosférica, que provoca enfermedades que van desde el asma a enfermedades cardíacas. Asimismo, ya no es necesario esperar a la primavera para sufrir alergia en ciudades como Madrid: los alergólogos dictaminan que las partículas diésel multiplican por 27 la capacidad alergénica del polen. E igualmente dañinos son los óxidos nitrosos (NO y NO2) conocidos como NOx y que provienen también, fundamentalmente, de los motores diésel. Una exposición breve al NO2 puede provocar irritación del sistema respiratorio y ocular.

Hoy los consumidores tienen más poder que nunca. También más información. Pero sigue haciendo falta dar a conocer la existencia de energías menos contaminantes y más económicas. Plataformas como Madrid Respira tienen un objetivo claro: enseñarle al ciudadano que el hidrógeno es el futuro del que muchos nos hablan, pero que existen alternativas que son el presente y determinantes (si es que apuesta por el consumo responsable) a la hora de comprarse un coche.

Sigue sin llover en Madrid y la boina amenaza con formar parte ineludible de la capital. Dicen algunos que en el futuro, tener un coche será tan extraño como tener ahora un caballo. Mientras ese futuro se convierte en presente, quizá sea hora de plantearse qué ciudad y qué aire queremos. Que ustedes lo respiren bien.

También puede interesarte...

Comenta


*

Escrito por

author

Ángeles Caballero Directora de nuevo negocio en Trescom Comunicación De las que se lee las páginas de Economía que os saltáis los demás para ir a deportes. Aspirante a Wonder Woman o Conciliatrix.

Follow Us On Instagram